Fernando Alonso, el gran cenizo

El gran piloto asturiano Fernando Alonso tiene el gran mérito de haber popularizado la Fórmula Uno,la gran competición automovilista, entre los españoles como hizo también Severiano Ballesteros con el golf.

El gran palmarés de famosos universales españoles se completa con Julio Iglesias, Placido Domingo, Rafa Nadal y Raul. El deporte y la música copan esta clasificación de superfamosos, que están en boca de todos en los cinco continentes y que campean en los centros neuralgicos de la información mundial.

El caso de Fernando Alonso, el rapacín que desde los tres años esta ligado a los karts, es muy curioso. Su ascencion fue rutilante, su salto de Minardi a Renault lo convirtió en campeón mundial por dos veces, impulsado por Briatore, un italiano coleccionista de mujeres de fama y tronío y especialista en multimillonarios, sus discotecas, como el Bimillonario en la Costa Esmeralda, en sus yates y en ese mundo de colorín que sobresalta, hace languidecer de envidia y divierte a todas las clases media del ancho mundo.

A Briatore no le faltan luces y sombras, episodios fiscales escalofriantes, audacia sin fronteras y castizo descaro, bajo su dirección nuestro gran Fernando tocó pelo y consiguió dos extraordinarios entorchados mundiales conquistando televisiones, periodicos y mentideros urbi et orbi. Hasta aquí parecería un panegirico, un artículo para hosannar al ovetense, pero la intención de este artículo es muy otra.

Ver como el destino juega malas pasadas y convierte a personajes encumbrados en felpudos. Tal es el caso de políticos que tocaban el cielo con los dedos, que se creían a salvo de polvo y paja, que se engañaban creyéndose impunes y que en un vaivén histórico se encuentran en la cárcel o muy cerca de ella, apresados en la temible y muchas veces arbitraria maquinaria de la justicia. En el reino de las malas practicas no se sentían culpables, hacían lo que todos con una naturalidad e ingenuidad desmayante. Lo público se confundía con lo privado, se entremezclaba y las arcas favorecían a los audaces e incluso a quienes creían actuar de buena fe.

Tremendo despertar el de quien inaugura cárceles y se ve aherrojado en ellas. Como en la Revolución Francesa funcionaba la guillotina, en la Revolución de la Regeneración se abren los cielos y truenos retumban y los rayos se abalanzan contra los corruptos, de lo habitual, de lo acostumbrado, de lo banal, del cohecho generalizado y del desmadre fiscal. Dobles contabilidades, balances falsos, traficos de influencias, plaga de nepotismos. Es un despertar amargo, pero amigos y admiradores de la Fórmula Uno, no os alarmeis, la desventura del Nano, del Magic Alonso ha sido la de paulatinamente convertirse en cenizo y en gran gafe de sus poderosos bólidos, que se paran, se rompen, dan pobres prestaciones y se convierten en una calamidad,aunque sean majestuosos Ferraris o espléndidos McLarens y en cuanto Fernando se va de Ferrari estos cochazos vuelven a funcionar y ganar carreras con otros pilotos.

Es indudable que Alonso sufre algún tipo de mal de ojo, tal vez de alguna de sus despechadas, aunque muy bien pertrechadas, enamoradas, o de un Briatore resentido por considerarse dejado en la estacada o tal vez algún mecánico siciliano que se sintió maltratado por este asturiano universal y desató la furia de los dioses.

Cenizo viene de una planta que crece en tierra estéril e inservible. Gafe es todavía peor pues indica un tipo de tenebrosa lepra. Unos y otros los presidiarios presentes y muy cerca de afrontar recuentos, horarios y estrecheces y también quienes son cenizos o gafados están en la cuerda floja. Como lo estuvo, anécdota muy conocida en Italia e ignorada en España, Alfonso XIII en sus últimos años de exilio en Italia, que se vio amargado por su reputación de cenizo, ya que la Sra. de la casa que recibía al augusto invitado se rompía una pierna o era el Sr Conde el que se partía un brazo e incluso algún incendio o desgracia azotaba a las personas con las que el bueno de Don Alfonso trataba y cuando se trasladó su féretro a España muchos ciudadanos hacian el gesto irreverente de los cuernos para salvaguardarse de catástrofes sobrevenidas.

Es el destino para unos, la divina providencia para otros, la némesis histórica para los más cultos. Dios nos libre de corruptos y gafados y como los italianos "faciamo le corna".

(Joaquin Antuña es Presidente de Paz y Cooperación).

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Antuña, Joaquín