Falsa Miseria

Oír a la izquierda tradicional, a los nuevos populismos y a los nacionalismos gritar en el Parlamento contra la pobreza, la desigualdad, la miseria que se sufren en España se ha vuelto tan común que ya nadie se pregunta hasta dónde son verdad esas denuncias.

Como si en el país que, junto con Japón, tiene la mayor esperanza de vida del mundo, la gente muriera sin medicinas u hospitales, como si no hubiera sanidad pública universal y gratuita para los españoles, o los niños no tuvieran a las escuelas.

Estamos fabricando realidades ficticias y eslóganes que, repetidos mil veces, hacen que la mayoría crea que vivimos en un infierno.

Pero España no es ni ese infierno, aunque se diga en el Parlamento, ni su gente pasa hambre, por mucho que lo prediquen las oenegés manipulando datos para pedirnos dinero.

Un estudio bien documentado, recién publicado por ABC, informaba de que el gasto en sanidad y educación creció desde 2003 hasta 2015 casi el 19 por ciento, y que los ajustes de la última legislatura, además de corregir los excesos que habían aumentado el déficit público, dejaron esas partidas al mismo un nivel que el del PSOE en 2011.

Fuera de las áreas de miseria de las que antiguamente eran poblaciones nómadas, y en su mayoría inmigrantes recientes, dotadas por otra parte de numerosos medios sociales, es prácticamente imposible ver la pobreza alimentaria o energética que se le atribuye a un tercio de la población.

Este país no es el cielo, pero tampoco el infierno que se denuncia con tanta insistencia que hasta lo creen hasta quienes cambian su coche ahora por otro más potente, aunque quizás les hayan embargado la vivienda comprada mayoritariamente para especular en los años de la burbuja inmobiliaria.

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Molares do Val, Manuel