Cervantes y Shakespeare

En este año de 2016 en que los dos escritores más famosos de la lengua inglesa y la ‎española cumplen 400 años de su muerte se están aireando sus vidas, sus obras, sus trayectorias, la profunda huella y la estela que han dejado.

Es cierto que el inglés tiene un halo de misterio del que carece el castellano, un enigma que probablemente no se esclarecerá nunca. Los eruditos en sus obras minuciosas y a veces monumentales escudriñan y analizan frase a frase las obras de ambos escritores con gran conocimiento de causa, aunque a veces, las más, pequen de prolijos y farragosos.

Para el profano enamorado de España y de las Américas y que busca una mirada distinta que se aleje de las dos Españas enfrentadas emerge con fuerza una diferencia substancial entre ambos escritores. William retrata magistralmente el poder con sus luces y sombras, en Ricardo III, Macbeth y Hamlet se llega al corazón de las ambiciones, las pasiones, las intrigas, los crímenes en lo más alto del poder de la epoca, los reyes vistos descarnadamente en su majestad y como soberanos que rigen sus países y son protagonistas de tragedias desatadas en sus cortes y en la batalla por el poder puro y duro.

En Miguel el panorama es costumbrista, es el inventor de las modernas telenovelas, las pasiones humanas se desplazan del vértice de la pirámide, de la realeza, de los poderosos a la sociedad en general, a quienes padecen el poder y los desvarios del destino, su obra más inmortal Don Quijote es la de un visionario, que en su delirio forja otro mundo y que transforma la pobreza en oropel. Su fiel escudero Sancho es la voz del pueblo sabio y socarrón, que sigue en sus desvarios a Don Alonso en sus andanzas de justiciero que desfaze entuertos y pugna contra follones y otros malandrines. Salvo en una visita al duque sus escenarios son modestos, posadas, alquerias, campos y no suntuosos palacios como en William.

Esta elección de temas no es ni casual ni baladí, sino obedece al diferente enfoque de ambos escritores y a las sociedades en que vivieron, los Austrias españoles y el periodo isabelino inglés. Las historias de ambos reinos estuvieron plagadas de sangrientas luchas por el poder con sicarios y verdugos en plena accion.

Una visión desapasionada de la historia de aquellos tiempos está plagada de hechos tremebundos como envenenamientos, asesinatos, incestos y cabezas cortadas por el hacha, piénsese en el fin de los Comuneros o en la siniestra Torre de Londres de los Tudor o en un Cesar Carlos que tiene una hija con su abuela o en el más que posible envenenamiento de Felipe el Hermoso.

Shakespeare retrata estos hechos de las Cortes y de los poderosos, mientras Cervantes se esplaya en la vida y milagros de los modestos, de la sociedad sencilla y a través de avatares mil, aventuras sin cuento, les transporta al retablo de las maravillas, en esto siendo un precursor de la Alicia en el País de las Maravillas del siglo XIX.

En ambos genios de las letras se dan la mano gobernantes y gobernados, nobles y plebeyos, monarcas y súbditos. Son dos caras de una misma moneda, que se complementan y forman parte de la mitología humana Hamlet y Don Quijote paradigmas de realidad y sueño, Macbeth y Sancho, tragedia y satira.

Ofelia y Dulcinea, dos amores imposibles, la una noble la otra plebeya, la vida misma. Releamos los clasicos, saquemos brillo a nuestra creatividad.

(Joaquin Antuña es Presidente de Paz y Cooperación).

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Antuña, Joaquín